Cómo valoran las empresas los títulos de postgrado



¿Qué significa ser competitivo?

En el lenguaje corriente, es lo mismo que ser competente. Sin embargo, las palabras com-petitivo y competencia tienen en realidad dos significados distintos. Una es “ganarle a otro en una lucha…” (ser competitivo) y la otra “ser capaz de” (ser competente), y ¡para complicar más las cosas!, en el PAD, estudiamos y entendemos las “competencias” en un sentido un poco distinto (cuando se da en la práctica una confusión conceptual, la mejor manera de aclarar las cosas es buscar un planteamiento más general, que incluya las dos alternativas como casos particulares: así es como proceden los estudiosos al elaborar sus teorías). Hay algunas competencias especialmente válidas para un trabajo y otras para otro. Por ejemplo, si se necesita una

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persona para trabajar en finanzas, sus competencias tienen que incluir el que sea detallista, ordenado, más que insobornable y si es posible hasta poco sociable, pero si requiero un vendedor, éste tiene que ser, sobre todo, intuitivo y capaz de iden-tificar lo que el cliente siente y necesita (lo que se llama empatía e inteligencia emocional). Todo esto parte de en la organización cada puesto de trabajo, sea profesional o no, requiere cualidades determinadas

Pero hay más: Arnold Toynbee, un historiador de la primera mitad del siglo pasado, decía que el desarrollo de las civilizaciones, dependía, por un lado, de los líderes, de gente con dotes de estadista; y por otro, de un medio determinado. Contrariamente a lo que se podría pensar, más que las condiciones naturales favorables, lo que hace que una civilización evolucione son las condiciones desfavorables, lo que él llamaba la teoría del reto.

 Lo que quiero decir es que además de las cualidades personales, o Competencias, hay otras que son más profundas y, a mi juicio, más importantes, como son el deseo de aprender, la capacidad de compromiso, la lealtad. El que una persona tenga determinadas competencias hará que logre determinados resultados con menos esfuerzo, pero no lo inhabilita para otro tipo de trabajos si posee en grado suficiente estas otras competencias que acabo de mencionar. Quizás ahora se entienda mejor lo que explicaba antes de buscar una teoría que englobe a las otras concepciones. En definitiva no podemos exagerar: no es exacta-mente que unas personas valgamos para unas cosas y otras para otras, lo que queremos decir es que unos tienen más facilidad para unos desempeños y otros para otras, pero no incapacidad. Sostengo un principio bastante polé-mico y es que “casi todo el mundo vale para casi todo” (no me dirán que no es una visión optimista de la vida).

¿Y si no tiene las com-petencias?

 Entonces  le   va   a   costar más esfuerzo el poder desarrollarlas. Pero si tiene más voluntad ante el reto, puede lograr los mismos resultados. Hay mucho de mito alrededor de las capacidades y de la selección de personal. Las cualidades son necesarias pero es más importante querer sin poder (sin

estar muy dotado), que tener estas capacidades y no querer. Querer es ser capaz de desarrollar hasta las capacidades que uno no tiene. A igualdad de esfuerzo, el que tiene capacidades va a llegar más lejos. Pero si no hay ese esfuerzo no se llega y gana siempre el que tiene voluntad, el que pone empeño. Esto es ser empresario. Tenemos todos la experiencia de nuestro colegio ¿en Primaria quién era el número uno? Seguramente el mejor dotado. ¿Y en Secundaria? Pues el chancón.

Para desarrollarse no bastan las habilidades que se tengan, sino que influye mucho el entorno y el reto que se tiene al frente. No basta saber, sino saber para qué…

 Evidentemente. El mayor reto no es competir con los demás, sino con uno mismo para desarrollar las competencias, tarea que nunca termina. Por otro lado, no se trata de ser el primero sólo por serlo, por querer demostrar que uno es más que los demás, se trata de todo lo contrario, ser mejor para servir, para dar, para ayudar a los demás a crecer, a trabajar en equipo, para funcionar como un solo cuerpo donde todos, sin excepción se desarrollen. Algunas insti-tuciones todavía insisten en crear la idea entre sus alumnos de que deben de ser los primeros a cualquier costo, que deben de ocupar siempre los primeros lugares, y en estos tiempos, en cambio, las empresas están buscando profesionales que ante todo sepan trabajar en equipo, que sean capaces de lograr que su equipo dé lo mejor de sí, y que cada uno se exija cada día más por el bien de todos. Esto no es ser sonso, sino ser líder o persona cabal.

¿Qué implica esto?

Que uno tiene que ser auto-competitivo. La competencia es con un mismo, no con los demás.Lamentablemente nues-tra sociedad actual no valora el esfuerzo, solo valora el resultado. Obviamente, hay que medir el resultado, de eso viven las empresas, no nos olvidemos, a corto

plazo, pero eso es solamente una aproximación. Hoy en día no solo valen los resultados, sino cómo se han logrado, a qué costo. En la educación y en la empresa se pone poco énfasis a las cualidades de empuje personal, de auto-exigencia, de competencia con uno mismo.

 Entonces, ser competente no es lo mismo que ser competitivo…

 Ser competente es ser capaz. Ser competitivo es ser peleador. El peleador no vale para hacer equipo porque cree que el que se encuentra frente a él es su enemigo, solo le interesa lograr resultados, sobresalir en las reuniones y tratar con el sindicato porque siempre quiere ganar.

 Ser competente es algo totalmente diferente…

 Y es, además, lo más valioso. Ser competente es tener talento, que en una parte o aspecto es innato y en otras adquirido. Un tipo de talento es, por ejemplo, tener facilidad para conocer a la gente, tener empatía que es ponerse en el lugar del otro, eso es innato. Y hay talentos que son adquiridos. Este otro tipo de talento es ser capaz de adaptarse a otros de distinto carácter, ser capaz de servir, de sacrificarse por los demás. Y este tipo de talento adquirido, en base a esfuerzo es más importante que el innato. Las virtudes como la generosidad, la tolerancia, la voluntad de servicio son muy importantes para la vida social, profesional y para la comunidad pero no son innatas, son adquiridas, por ello, toda persona las puede, las debe desarrollar.

esta situación, ¿Qué están buscando las empresas en los ejecutivos? ¿Cuál es la tendencia?

Algo que está muy de moda es la “búsqueda del talento” pero eso es como competir a “comprar minerales en el mercado de materias primas”. Pocas institu-ciones preparan direc-tivos, que ante todo son potenciales a desarrollar. ¿Quién forma directivos? Quizás podríamos res-ponder que las Escuelas de Negocios, pero ¿cuáles realmente sacan directivos que logren consensos, que hagan un buen equipo, que compitan con lealtad, que formen al consumidor, que protejan a los trabajadores y si, es posible, que desarrollen incluso a la competencia (porque en la medida en que la competencia haga un fair play será mejor para todos, tendremos un mercado más fuerte y sólido y un consumidor más confiado)?

El compromiso de las empresas es formar directivos que sean útiles tanto para ellas como para la sociedad. Ser directivo implica dirigir, conducir y no hablamos de dirigir cosas, sino, repito, personas, que tienen motivaciones, sentimientos y expectativas, y aquí deberíamos de hacer una pregunta: ¿Cómo responden las Escuelas de Negocios a estas expectativas y motivaciones de las personas? Quizás estudiando la publicidad que se hace los sábados y domingos en la prensa escrita, obtendríamos alguna res-puesta: ¿venden preparación para cabezas que embistan o que piensen? No olvidemos que pensar es sobretodo pensar en los demás, lo otro, en mi opinión es una aproximación grosera…

 



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